lunes, 27 de abril de 2009

Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari - EVOCACIÓN DE KIPLING




-En algunas de nuestras últimas audiciones, Borges, nos hemos mudado, digamos, por un tiempo breve a la India; hemos hablado del budismo, de la cultura y la religión de la India.

-Sí, un tema infinito, desde luego.

-Y al pensar en la India, me acordé de un escritor cuyos cuentos usted lee y relee a lo largo del tiempo -parece ser una de sus preferencias permanentes-: Rudyard Kipling.

-Desde luego, ¿usted querría que yo hablara sobre Kipling?

-Bueno, imaginé que no necesitaba más que nombrarlo, y creo que es así...

-Cuando Kipling murió, se habló de él, bueno, con un entusiasmo más bien tibio; pero ello respondía al hecho de que se lo juzgaba por sus opiniones políticas. Quizá convendría que un escritor no diera a conocer sus opiniones políticas, porque luego se lo juzga por ellas. Ahora, desde ya, el concepto que tenía Kipling del imperio era un concepto noble. Es decir, él veía al imperio como un deber del white man, del hombre blanco. Y no sé si eso corresponde exactamente a la realidad, ya que, como dijo -hablando de otro imperio- Lope de Vega: "So color de religión/ van a buscar plata y oro/ del encubierto tesoro". Es decir, hay siempre una explicaciíon económica de las cosas -la que prefieren los comunistas, que es la más melancolica-, pero, además, sin duda hay otras. Kipling pensaba en el imperio como un deber de Inglaterra, como un "fardo" de Inglaterra, ya que lo llamó: "the white man's burden" (el fardo del hombre blanco). Más allá de ese juicio, ese sentido, digamos, ético y religioso del imperio, está en la obra de Kipling. Curiosamente, Kipling empezó escribiendo cuentos admirables; yo estaba releyendo, días pasados, los cuentos de Plain tales of the hills (Sencillos cuentos de las montañas), y hay tres o cuatro que son breves y casi secretas obras maestras; estoy pensando en "Beyond the pale" (Más allá del límite), "The gate of hundred sorrows" (La puerta de las cien penas), y en tantos otros.

-Creo que los que usted menciona son los más perfectos.

-Sí, pero luego, al fin de su vida, hizo algo completamente distinto, ya que los primeros son cuentos muy breves y relativamente sencillos -si es que algo sencillo puede existir en este intrincado universo-. Pero, al fin de su vida, en los últimos años ya, Kipling fue cambiando los temas; pasó, como alguien dijo, de los soldados y marinos a los médicos. Y eso corresponde quizá, entre otras razones, y... al cáncer -no sé si usted sabe que a Kipling le hicieron dos operaciones de cáncer, y que murió después de la última-. Hay un cuento "The wish House" (La casa del deseo), de Kipling, cuyo tema es el cáncer. Voy a recordarlo brevemente: se trata de dos mujeres, de dos mujeres del pueblo de Sussex, del sur de Inglaterra. Las dos mujeres conversan, una de ella le comenta a la otra que ha sido, bueno, muy amiga de hacer favores, digamos. La otra, entonces, refiere esta historia: se trata de una mujer abandonada por su amante; y ella averigua después que hay una casa -esa casa está en un barrio nuevo del pueblo, no tiene nada de particular-, que esa casa es un wish house, una casa donde se conceden deseos. Pero ese don mágico impone sus condiciones -ella averigua, o le cuentan, que ese individuo que la ha dejado ahora tiene otra querida, y que está enfermo, y se sabe que tiene cáncer-. Entonces, ella va a esa casa nueva, en una calle nueva, y llama; y luego ella siente que se acercan pasos del fondo de la casa, después de un gruñido que casi no es humano, y ella sabe que hay alguien del otro lado de la puerta, que está esperando. Entonces ella le pide a ese algo o a ese ser mágico, que lo que el hombre enfermo de cáncer sufra, se lo den a ella.

-¿Que el sufrimiento de ese hombre pase a ella?

-Sí, luego ella oye los pasos que se alejan, ella va a su casa -tiene ya la cama preparada-, se acuesta, y empieza a sufrir el dolor del cáncer. Es terrible, ¿no?

-Es terrible y muy noble.

-Sí, y muy noble. Después esos dolores aumentan, ella le cuenta esta historia a su amiga, y se entiende que no van a verse más, porque ella está muriéndose. Y luego, la mujer tiene que tomar el último ómnibus -antes se ha descripto el té, que le ha preparado la otra, con las masas, con los dulces, con lo que fuere-... y, bueno, y ése es el cuento.

-Es lindísimo.

-Es un cuento muy lindo, sí. Y ella se cruza alguna vez con él, y nota que él está algo mejor; pero él no le habla, él no puede saber que ese dolor del cual está reponiéndose, bueno, ha sido tomado por ella.

-¿Él nunca sabe eso?

-No, él no lo sabe, ella le da su vida... le da su muerte, y él no lo sabrá nunca. Pero lo sabremos usted y yo, y los millones de lectores de Kipling. Es un cuento rarísimo, un cuento mágico, y el principio del cuento es trivial, porque él hace que esas dos mujeres -son mujeres de pueblo, son mujeres ignorantes- hablen de trivialidades; que una pondere el té que le ofrece la otra, cambien algunos chismes, y luego viene la historia, la terrible historia. Es uno de los últimos cuentos que escribió Kipling, y luego... lo alcanzó el cáncer también a él. Además, el hijo de Kipling murió en la Primera Guerra Mundial -fue uno de los first hundred thousand (los primeros cien mil voluntarios) que Inglaterra mandó a Francia-. Sí, entre ellos estaba, no podía faltar, el hijo de Kipling. Al hijo lo mataron, y Kipling nunca se refiere directamente a esa muerte; pero hay un cuento, en el cual hay un soldado romano que muere -ese cuento está muy cuidadosamente escrito- y allí Kipling explica indirectamente -que es el modo más expresivo de decir las cosas- ese dolor, el de la muerte del hijo. Salvo que él no habla del padre, habla del tío, porque Kipling era muy pudoroso, parece que era un hombre tímido también; creo que se lo presentaron a Bernard Shaw, y que Kipling huyó. Es decir, ran like a rabbit (huyó como un conejo), porque sabía que Shaw era un hombre ingenioso, elocuente; que iba a enredarlo en una discusión. Y él tenía sus convicciones pero no le gustaba discutir. De modo que parece que ese diálogo duró muy poco.

-Además, Kipling viene de un mundo del todo distinto.

-Del todo distinto, claro; él tenía todo ese pasado en la India -no sé si usted sabe que Kipling supo hindi antes de saber inglés-. En un poema él se refiere al habla pagana, y es el hindi. Ahora, él tiene un cuento -se supone que es un sikh el que habla-, eso está escrito en inglés; yo se lo presté a un amigo mío sikh, y él me lo devolvió y me dijo: "Este cuento es admirable, yo he notado que, sin duda, Kipling lo pensó en hindi, ya que al leerlo yo iba retraduciendo cada una de las frases al hindi". De modo que él siempre se sintió vinculado a la India. Yo he conocido, he tenido algunos amigos hindúes, y cada vez que se hablaba de la literatura de la India, bueno, ellos mencionaban casi en primer término a Kipling; es decir, lo consideran...

-Incorporado...

-Sí, podemos decir incorporado; y el hecho de que ahora sea un país independiente no tiene nada que ver, puesto que conocen el amor que Kipling profesaba por la India. Y tenía otra pasión Kipling -además de su India y su Inglaterra-, y esa pasión era Francia. Hay un poema suyo que se llama "A song of fifty horses" (Un canto de cincuenta caballos), que eran los cincuenta caballos de su coche. Entonces, él se dirige a esos cincuenta caballos, les dice que van a viajar por Francia; y hay tres o cuatro estrofas, y cada una de ellas termina diciendo: "It´is enough, it is France" (Es suficiente, es Francia).

-Él obtuvo el premio Nobel a principios de siglo, y...

-Sí y era famoso entonces, ya que él publicó Kim en el año 1901 -ese libro fue ilustrado con fotografías de bajos relieves ejecutadas por su padre, Lockwood Kipling y, curiosamente, esta mañana yo le mostré a una señora de La Prensa, la señora de Barili, esas ilustraciones, de tipos hindúes, en la undécima edición de la enciclopedia británica, ejecutadas por el padre de Kipling. Ahora, Kipling nacío en la India, porque a su padre -creo que Kipling era sobrino de William Morris, el traductor de las sagas escandinavas-, a su padre lo mandaron a la India con un cargo oficial, para defender la artesanía hindú contra el arte comercial británico. El gobierno inglés nombró a una persona para que defendiera la artesanía en la India, y esa persona fue el padre de Kipling. Ahora, él ya había engendrado a su hijo cerca de un lago -no sé en qué parte de Inglaterra queda- que se llama Rudyard; y por eso él se llama Rudyard Kipling. De modo que él no tenía sangre hindú, conmo muchas personas han imaginado. Pero nació en la India, en Bombay, y el primer libro de poemas suyo, que se llama The seven seas (Los siete mares), está dedicado a la ciudad de Bombay. Y alguna vez él habló con desdén de los ingleses de Inglaterra, a quienes llama "the islanders" (los isleños) (ríe).

Rudyard Kipling de niño


-Claro, él es continental.

-Sí, y hay un poema en el que dice: "Qué saben de Inglaterra los que sólo conocen Inglaterra". Es decir, es decir, él conocía el imperio, y tiene escrito otro libro, The five nations (Las cinco naciones), que serían Inglaterra, la India, el Canadá, Sudáfrica y Australia. Él recorrió todas esas tierras, y escribió sobre ellas con mayor o menor entusiasmo.

-Ahora, ¿usted lo asocia con una generación de escritores o lo ve como una figura solitaria dentro de la literatura?

-Yo creo que todo escritor que vale es una figura solitaria.

-Naturalmente.

-Además, en este caso particular, como dijo Novalis: "Cada inglés es una isla". Ahora, es raro pensar que Kipling vuelve a Inglaterra un poco antes de 1890, y es contemporáneo de Oscar Wilde, de lo que llaman "the yellow nineties" (los noventa amarillos); toda esa literatura decorativa y esa pintura decorativa; bueno, él y Wells y Shaw son contemporáneos de escritores más bien decorativos como Wilde.

-Sin embargo, no se los vincula.

-No, no se los vincula, pero son estrictamente contemporáneos.

-Claro.

-Y Wilde escribió, con cierto desdén, de Kipling, "A genious of droping haches" (Un genio que no pronuncia las haches), porque la gente vulgar no pronuncia la hache, en inglés. Y luego dijo Wilde, que cuando uno lee los Plain tales of the hills (Sencillos cuentos de las montañas) de Kipling, uno va volviendo las hojas, y uno está leyendo la vida misma, iluminada por espléndidos destellos de vulgaridad (ríen ambos). De modo que Wilde habló con algún desdén de esos "espléndidos destellos de vulgaridad", pero, al mismo tiempo, se dio cuenta de que era un genio.

-Un equivocado desdén, además, en este caso.

-Sí, ahora, viajando, últimamente, tengo la impresión de que es más apreciado Kipling en Francia que en Inglaterra... no sé, debido a otros escritores está un poco olvidado; en cambio, en Francia no. Como dijo un crítico francés: era el inglés de un modo muy eficaz, muy enérgico y, además, muy nuevo. Ahora, claro, los grandes contemporáneos de Kipling eran socialistas; por ejemplo Bernard Shaw, o Wells, o Bennet, y lo juzgaban a él en función del imperio, que no les interesaba. Pero, al mismo tiempo, parece que uno de los hechos periódicos de Europa es el descubrimiento del Oriente -de esa vaga cosa que llamamos Oriente, que quizá los orientales mismos no sientan-, porque yo no sé, bueno, si un persa está cerca de un chino; yo no creo que tengan afinidad, yo no creo que un árabe y un japonés tengan alguna afinidad. Pero para nosotros sí; componemos esa cosa, bueno, esa cosa heterogénea y magnífica que llamamos el Oriente. Y diríase que cada tanto tiempo, cada tantos siglos, ese Oriente es descubierto por Europa. Y ahora el Oriente está descubriendo al Occidente, eso es evidente.

-Cierto.

-Bueno, pues algunas etapas vendrían a ser... por ejemplo, sin duda los griegos sintieron así la India, sintieron a Egipto también, que es el Oriente o está muy cerca. Y luego, los viajes de Marco Polo, Las mil y una noches; y uno de los últimos deascubridores del Oriente fue, indudablemente, Kipling. Claro que el Oriente que él conoció fue, sobre todo, la India; pero ya ese Oriente es hindú y es islámico también; y es muchas cosas, ya que la India, como los Estados Unidos -y más que los Estados Unidos-, no es un país sino muchos países, muchas religiones, muchas razas, y una historia muy compleja de hostilidades entre las diversas partes. Pero, además de eso, tenemos la poesía de Kipling, y un rasgo que creo que nadie ha notado, y es que Kipling, que manejó con tanta felicidad la forma más difícil del verso, no ensayó nunca el soneto. Y posiblemente lo hizo porque pensaba que el soneto era algo que se veía como intelectual, algo que se veía como correspondiente a cierto tipo de poesía; y él no quiso defraudar esa idea de ser un escritor popular, e intentar el soneto. Lo cual es una lástima, porque él habría honrado el soneto.

-Sin duda. Creo que va a ser interesante, Borges, que, con Kipling, volvamos a Oriente en otra oportunidad.

-Muy bien.


De Diálogos (1992)

2 comentarios:

Kipling dijo...

:)

catiti dijo...

Me encanta tu blog, porque tal y como me ha pasado con esta entrada, aprendo taaantas cosas. Gracias por dedicar tiempo a que los demás hagamos estos descubrimientos.

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