martes, 5 de mayo de 2009

Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari – EDGAR ALLAN POE





-Hace un tiempo usted me dijo, Borges, que en su juventud hubiera querido ser distintos personajes de la literatura. En realidad, cada uno de esos escritores o poetas a los que usted hizo referencia tuvo como característica una vida desdichada, difícil y casi atormentada podría decirse. Uno de ellos, americano, traducido y admirado en su época en Europa, fue Edgar Allan Poe.

-Sí, es indudable que Poe era un hombre de genio, pero uno tiene esa convicción no al leer tal o cual de sus páginas, sino al recordar su conjunto. Y yo tengo un cuento sobre un hombre que resuelve dibujar el mundo. Entonces, se sienta ante una pared blanqueada -nada nos prohibe pensar que esa pared es infinita-, y el hombre se pone a dibujar toda clase de cosas: dibuja anclas, dibuja brújulas, dibuja torres, dibuja espadas, dibuja bastones. Y sigue dibujando, así, durante un tiempo indefinido -porque él habría llegado a la longevidad-. Y ha llenado esa larga pared de dibujos. Llega el momento de su muerte, y entonces le es dado ver -no sé muy bien cómo- de un vistazo toda su obra, y advierte que eso que él ha dibujado es un retrato de su propia cara. Ahora, yo creo que esa parábola o fábula mía podría aplicarse a los escritores. Es decir, un escritor cree hablar de muchos temas, pero realmente lo que deja, si tiene suerte, es una imagen suya. Y en el caso de Poe, vemos esa imagen: es decir tenemos una visión bastante concreta de un hombre de genio, de un hombre muy desdichado... Y eso más allá, bueno, de los poemas, que me parecen mediocres. Poe fue, en el mejor de los casos, un Tennyson menor, aunque los versos suyos son muy lindos, desde luego.

-Pero no en los cuentos.

-En los cuentos, quizá más en la memoria de los cuentos que en la lectura de ellos... bueno, hizo tantas cosas inolvidables, y además, nos dejó grabada esa imagen. Tuvo la suerte de ser leído por Baudelaire; Baudelaire no sabía muy bien el inglés y no notó las fallas técnicas de Poe. Quedó deslumbrado por la imaginación de Poe, quien fue leído por Mallarmé también. Y ahora, curiosamente, es un poeta mucho más importante en Francia que en los Estados Unidos.

-Pero, qué curioso eso.

-Sí, yo estuve en los Estados Unidos, hablé, como todos los extranjeros, de Poe; me miraron con cierta sorpresa... yo tuve que recordarles, bueno, que él había engendrado a Baudelaire, que engendró a los simbolistas: que el simbolismo sería imposible sin Poe. Y el modernismo tampoco, ya que el modernismo que surge aquí, en América, se hace a la sombra de Hugo, de Verlaine, y de Poe.

-A la sombra del simbolismo, entonces.

-Sí, y aquel hermoso libro de Lugones, tan injustamente olvidado, Las fuerzas extrañas, está evidentemente escrito bajo el influjo de Poe. Una prueba de ello -si se precisara una prueba adicional- es el hecho de que al final hay una “Cosmogonía en diez lecciones”, lo que queda gracioso, ¿no? Y esa “Cosmogonía” viene a ser el espejo del “Eureka” de Poe, que es también una especie de filosofía del mundo, y que tiene alguna relación con la obra de Schopenhauer El mundo como voluntad y representación. Además, Poe escribió esos tres cuentos: “Los crímenes de la calle Morgue”, “La carta robada” -que es el mejor de todos-: la idea de que algo obvio puede ser invisible; la idea que usó Chesterton para su cuento “El hombre invisible”. Y luego, sí, “El misterio de María Roget”, que vendría a ser la perfección de la novela policial, en el sentido de que no hay ninguna acción física; hay simplemente la exposición de un crimen, una discusión acerca de las circunstancias, y luego una solución. Precisamente lo contrario de las novelas policiales actuales americanas, que no son novelas policiales, sino, bueno, relatos de crímenes y de sexo. Lo que no podía prever Poe es que él había creado un género con esos cuentos. Y además, con “El escarabajo de oro”. Ese género es el famoso género policial, que no debe ser desdeñado, ya que ha merecido la atención de Wilkie Collins, de Dickens, de Chesterton, y de todos los escritores del género policial en el mundo, ya que todos ellos proceden de esos cuentos de Poe.

-Muchas cosas comienzan con Poe.

-Muchas cosas comienzan con Poe... Ahora, yo tuve una polémica con Roger Caillois, a quien debo tanto, ya que se olvidó de esa polémica y votó por mí para el premio de editores Formentor, y publicó un libro mío en francés. Y a esa publicación yo le debo, bueno, mi fama. Yo se la debo en gran medida a esa publicación que hizo Roger Caillois de unos cuentos míos al francés.

-Y también en gran medida al premio Formentor.

-Sí, indudablemente. De modo que Poe dibujó, dejó su imagen en los cuentos. O podríamos decir también que proyectó póstumamente una gran sombra; una sombra luminosa habría que decir, para que no quedara muy oscura la palabra. Por otra parte, están los cuentos suyos, que son muy distintos entre sí; porque si usted toma, por ejemplo, el cuento sobre Mailstrom, el cuento “El hombre de la multitud”, “El pozo y el péndulo”, “La máscara de la muerte roja” y “El tonel de amontillado”, son muy distintos unos de otros.

-Pero siempre el horror está presente.

-Siempre el horror está presente... Los acusaron a Poe de ser discípulo de los alemanes. Él contestó con una frase muy linda, dijo: “Sí, pero el horror no nos viene de Alemania, nos viene del alma”.

-Ah, qué maravilla.

-Sí, sale del alma. Y él sentía ese horror; y naturalmente, ya que si no lo hubiera sentido de esa manera, no hubiera podido transmitirlo como lo hizo. Ahora, yo creo que si hubiera que elegir un texto de Poe, y no hay ninguna razón para elegir uno, yo elegiría El relato de Arthur Gordon Pym.

-Me lo imaginaba.

-Sí, el nombre, desde luego, es una variación muy evidente de Edgar Allan Poe, porque Arthur y Edgar son ingleses, luego Allan y Gordon son escoceses, y Pym es evidentemente Poe. Pero yo diría que sobre todo las últimas páginas de ese relato son admirables; en ellas se destaca una idea muy rara: la idea de concebir el color blanco, de sentir el color blanco como un color horrible. Y esa viene a ser, a la vez, la base de una novela justamente famosa: Moby Dick -la ballena blanca-, de Melville. Hay un capítulo que se titula “The whiteness of the whale” (la blancura de la ballena), y ahí Melville habla del color blanco como terrible. Y eso es lo que se encuentra en las últimas páginas del cuento de Poe, pero que es imposible suponer que no conociera Melville. Pero yo no digo esto en contra de Melville, ya que por qué no suponer que si todas las cosas interesan a los poetas, no habrían de hacerlo los libros que han leído; Emerson dijo que la poesía sale de la poesía...



Primera edición de El relato de Arthur Gordon Pym



-Y en el caso de Poe, Borges, ¿qué influencias literarias percibe?

-En sus cuentos no, pero en el caso de su poesía se ve que, bueno, que para su época Tennyson fue muy importante. Recuerdo que le dieron una comida a Walt Whitman, y hacia el final de ella Whitman dijo: brindo por el jefe de todos nosotros: Tennyson. En cambio, a Tennyson le preguntaron qué pensaba de Whitman, y dijo: “I'm aware of Whitman”, es decir soy sensible a Whitman (pienso en Whitman como podría pensar en una gran ballena, en un océano), y agregó: “Pero no señor, no pienso en Whitman”. Eso quiere decir que que Tennyson sentía que la poesía de Whitman (el verso libre) era un desafío, que este tipo de poesía nueva destruía la poesía que él ejercia. Y entonces prefería no pensar en Whitman, porque era algo tan extraño...

-Y peligroso en cierto sentido.

-Y peligroso, inconcebible; de modo que prefería no pensar. En realidad no es posible concebir la literatura moderna sin esos dos grandes poetas americanos: Whitman y Poe. Ahora, Whitman personalmente no fue generoso con Poe; porque cuando Poe murió, Whitman escribió una nota sobre él y dijo -casi me da vergüenza decirlo- que en la obra de Poe no se veía a la democracia americana. Yo no creo que Poe pensara jamás en la democracia americana.

-No. Poe pensaba en la aristocracia, como explica Baudelaire.

-...Sí, pero siempre ocurre eso: se reprocha a un poeta no haber ejecutado lo que no se propuso nunca, ¿no?

-Por supuesto, y Poe era totalmente ajeno a ese tipo de propósito.

-Claro que Whitman puede haberlo hecho para llamar la atención indirectamente sobre Poe, porque si no, no se explica.

-Como usted sabe, yo siempre lo relaciono a usted con el género conjetural, digamos. Con el hecho de haber convertido a la conjetura en un género literario.

-En todo caso, me siento más conjetural que afirmativo o negativo. Me gustaría ser afirmativo, me desagrada ser negativo; me quedo en el tal vez, en el quizá, que es el modo más prudente.

-En cambio, a Poe lo relaciono con la fatalidad como género literario propio, personal; lo vemos en el “Nunca más”, en el “Never more” de “El cuervo”.

-Sí, y ése es un sentimiento bastante frecuente, y que puede consolarlo a uno también, ¿eh? Porque si uno descree del libre albedrío, como yo, entonces uno no se siente culpable: si yo he obrado mal, he estado obligado a obrar mal.

-Por fatalidad.

-Por eso descreo de la justicia; porque la justicia presupone el libre albedrío, y si no hay libre albedrío, entonces nadie puede ser castigado, ni recompensado tampoco. Y esto nos trae de nuevo esa frase que siempre cito de Almafuerte, que he citado cada vez que hemos conversado: “Sólo pide justicia, pero será mejor que no pidas nada”, porque ya pedir justicia es un exceso.

-Espero, Borges, que hayamos sido justos con Poe.

-Yo creo que sí.

De Diálogos (1992)

2 comentarios:

Kipling dijo...

Una vez más nos traes a este verdadero Genio Universal, que es Borges hablando de otro gigante, mi venerado Poe.

La sanbiduría destila de los pensamientos de este viejo bibliotecario, Carlos.

¡Tienes un blog estupendo!

Risk dijo...

Gracias, kip, por alentar mi aprendizaje.

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