viernes, 11 de diciembre de 2009

Un lugar en mi mundo



Cuando me preguntan cual es mi película favorita, suelo decir que no soy capaz de decidirme por una. Que me gustan muchas y me gustan mucho. Lo digo porque es verdad, pero no es toda la verdad. Si tengo una película favorita, a veces le soy infiel, pero solo yo se de qué manera la he amado siempre. El flechazo, que se produjo la primera vez que la vi, recién premiada en el festival de San Sebastian, dura ya más de 15 años. Cada vez vuelvo a verla, ese amor crece y acumula nuevas razones de ser. Ninguna otra historia contada en imágenes me ha conmovido de esa manera porque parece construida con jirones de mi propio corazón y porque en ella además de si misma, están muchas de las otras películas que amo. Esa película es “Un Lugar en el Mundo”


La historia que se cuenta en "Un Lugar en el Mundo" es la de unos perdedores dignos que saben que libran una guerra, perdida  ya  , de antemano, muchas veces. David sabiendo que no va a derribar a Goliath de una pedrada pero sin resignarse a no disparar el tirachinas. En esa determinación arrogante y desesperada, están todas las figuras solas, los “héroes cansados” que ya sólo pueden alimentarse de su propia dignidad y que llenaron de sueños las tardes de cine de mi infancia.


Porque Federico Luppi (en estado de gracia, como lo están todos los actores de esta película) es Mario Dominicci, el hombre que abandona una cátedra universitaria, huyendo del zarpazo de la dictadura militar y se convierte en maestro rural para enseñar a otros a “pensar y a convivir”, el que al frente de una cooperativa formada por los humildes se enfrenta al caciquismo del poderoso, el sólido y transparente espejo en el que siempre querrá mirarse su hijo, si, pero es que además es también el sheriff Will Kane, igualmente "Sólo ante el peligro", abandonado cobarde pero comprensiblemente de todos los suyos, a punto de perderlo todo, pero esperando tercamente el tren del mediodía en el que se le acerca la ruina, porque ese es su deber. Y Cecilia Roth (la maravillosa) es Ana, la mujer de Dominicci, la médico desesperada a la que no le alcanza el tiempo, ni los medios, ni la paciencia para enfrentarse a tanta miseria, la que no puede evitar el sarcasmo al ver la pobreza, la injusticia, la tremenda orfandad a la que viven condenados los “ parias de la tierra”, esos que atiende cada día en un patético intento de achicar agua de un barco que ya estaba hundido antes de que ella llegara. Pero además de Ana, es la Ilsa Llund de "Casablanca" y ama a dos hombres extraordinarios que también la aman a ella sin dejar de admirarse entre sí: el héroe cansado que es su marido y el geólogo cínico, descreído, tierno y maravilloso que es José Sacristán , que tiene mucho del Rick que fue Bogart, desde luego, pero que en la película se llama Hans Mayer-Plaza y también tiene mucho de otro Han, porque aunque el coche costroso que lo deja tirado en la primera cuesta no se parece en nada a el halcón Milenario, Mayer Plaza igual que Han Solo, no puede evitar dejar de lado su propia y elegida condición de mercenario y enrolarse en el bando de “los buenos” sabiendo, como él mejor que nadie sabe, que van a perder. Y aunque la vieja Irlanda está muy lejos del Valle Bermejo, y Leonor Benedetto sea una monja que no va a enamorarse de nadie porque ya tiene una relación bastante complicada con su Dios y con la iglesia de este (“Dios lo ha querido así, hijos míos,jódanse”, dice cuando analiza la manera en que los que mandan a los católicos explican lo conveniente de que haya una frontera clara entre ricos y pobres y se mantienen prudentemente del lado de los primeros) en su pelo rojo, en su carácter resuelto, en su coraje, en su retranca,en su dignísima forma de convocar y mantener la alegría, está la Maureen O¨Hara de "El Hombre Tranquilo."


No sabría decir si “Un lugar en el Mundo” es un western de aquellos que me mantenían con la cara pegada a la pantalla todos los sábados por la tarde, pero si se que se ciñe completamente a sus pautas con ese ritmo admirable y preciso que distingue a los clásicos y que ella misma es un clásico en la manera en que deja hablar al paisaje y lo es en la brillantez y la profundidad de sus planos, pero es que además, en la perfecta simbiosis de la música de Emilio Kauderer con la cámara de Adolfo Aristarain, yo reconozco la herencia de Max Steiner y de John Ford, y la agradezco. Así que “Un lugar en el Mundo” es mucho más que una película, porque es ella misma y todas las demás, las que cuento y las que me callo y las que aún no se que es y las encontraré en ella la próxima vez que la vea.

"Un lugar en el mundo" es tan perfecta en su lirismo, tan completa en su dejarse fluir, tan redonda, tan absolutamente conmovedora, que su director no ha podido hasta ahora recuperarse de ella y asíla repite una y otra vez. Lo hizo en “Martín (Hache)” y en “Roma” y sobre todo en “Lugares Comunes” , y todas ellas son películas interesantes, historias que llegan al corazón con interpretaciones siempre más que notables y algunas veces soberbias, pero ninguna alcanza a “Un lugar en el Mundo”. Alguien debería pedirle a Aristarain que deje de perseguir a su propia película, porque es en vano. Nadie tiene tanta suerte como para atrapar dos veces "la materia de la que se construyen los sueños".


7 comentarios:

Risk dijo...

Alma, ¿qué puedo decir? Ya de por sí es un orgullo que hayas venido a colaborar a ARJO. Y que traigas a Aristarain con el amor y la gracia con los que lo trajiste... me conmueve.

Un abrazo siamés, asturiesa.

almalaire dijo...

:)
cómo era lo del sociópata y el pago en amistad?
:P
Gracias Siamés, por todo.

Lorielana dijo...

Pagaste la deuda con creces, Almalaire.
He visto esta película varias veces. La primera en una sesión matinal. Una buena costumbre ya perdida. Me encontré con una sala vacía, silenciosa y fabulosamente mía. Durante toda la proyección nadie interrumpió, tosió o parloteó. Y lloré en esa sala oscura, dividida entre la felicidad de una historia tan hermosa y el dolor de que me fueran tan amados unos perdedores. La he vuelto a ver montones de veces, y siempre me emociona.
Y, Alma querida, sista. Como tantas veces,has conseguido emocionarme y hacerme creer que es posible reinventar a la materia de los sueños. Tu lo haces con harta frecuencia.

almalaire dijo...

No, Lorielana, mi deuda es eterna y espontanea como la España de Azorín. No alcanzaré a pagarla nunca, pero igualmente muchas gracias
:)

SubHatun dijo...

Carlos... la medida de la sabiduria de un hombre no está solo en lo que hace o dice... sino de quienes se rodea...

Eres sabio...

A corderetas con mi alma dijo...

Madre mía... Es la opinión de esta película que más me ha gustado de todas las que he leído u oído.
Un lugar en el mundo es mi gran película. Esa que me remueve cada vez que la veo y que siento como la mayor pequeña película de la historia. Por supuesto que tengo otras en mi corazoncito que significan casi lo mismo, pero ésta es la que pongo a mis amigos para que me conozcan un poco mejor.
Las comparaciones que haces son perfectas y, aunque me gusta el cine y me gusta analizarlo, jamás podría llegar a la conclusión tan acertada a la que has llegado. Y me encanta.
Mil gracias.
Abrazos.

almalaire dijo...

Mil Gracias a a ti por tú amabilidad,Acorde, espero que no te importe que te llame así,lo hago porque porque te conozco del "Sonrían" de Sorel. Estoy encantada de verte de nuevo, besitos.

Ayns, besitos también para tí Sub, muchos.
:)

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