martes, 11 de mayo de 2010

Alejandro Dolina - LITERATURAS DEL ÁNGEL GRIS





La creencia en lo sobrenatural termina siempre siendo abolida por las gestas racionalistas. Sin embargo, como observa Rafael Llopis, los mitos regresan del brazo del arte romántico. Pero ya no como las puras creencias que eran antes, sino como estética. Aun negados por la razón, los fantasmas se resisten a morir.

Pero deben abandonar sus pretensiones de verdad y se ven obligados a expresarse en un plano artístico donde reconocen de antemano su condición de fantásticos. Así el sentimiento, negado como creencia por la razón, niega a su vez la razón. Pero ya siendo arte, convertido en el eco de algo que ya no es, el mito pierde fuerza y se va agotando. Hasta aquí Llopis. Tal vez falta apenas un modesto condimento: el arte romántico establece un vínculo inexorable entre el creador y su obra. De este modo el artista cree redondamente en sus engendros o al menos -como pedía Coleridge- suspende su incredulidad. Los analistas de los mitos de Flores aplican estos criterios para explicar la leyenda del Ángel Gris. Es posible que los vecinos hayan creído alguna vez en la existencia cierta de este mistongo agente celestial. Los Refutadores de Leyendas se encargaron de desalojar la superstición. Y nosotros recibimos -sombra de un suspiro- los restos incompletos de una literatura de barrio que insistió en el Ángel a pesar de todo.

¿Dónde ubicar a los Hombres Sensibles en estos vaivenes del pensamiento y la pasión? No es fácil decidirlo. Manuel Mandeb y sus amigos no eran ingenuos en absoluto. Sus ilusiones no terminaban en el desengaño, sino mas bien empezaban por allí. Por lo que sabemos casi nunca hablaban del Ángel Gris.

Tampoco ha llegado hasta nosotros la constancia de ninguna polémica acerca del asunto. En cierto modo, esto hace sospechar una certeza. Quien no hace cuestiones sobre la existencia de algo es porque está seguro al respecto. Por supuesto ignoramos si tal certidumbre afirmaba o negaba al Ángel de Flores. Curiosamente, muy cerca del silencio de los Hombres Sensibles, cundieron infinidad de textos, obra de artistas del vecindario, en los que se contaban toda clase de historias en las que aparecía el ángel. De ella se ha extraído toda la información que poseemos ahora sobre esta figura desteñida, la más importante, pero también la más lejana en los relatos de Flores.

Repasemos algunos rasgos del Ángel Gris en los que coinciden la mayoría de los autores consultados. El ángel era invisible. Se sabe sin embargo, que llevaba una túnica gris y que sus alas estaban un poco sucias. Sus poderes eran escasos, como lo expresa una antigua copla: "¿Qué puede ofrecer un ángel / que no sea fantasía / o algún humilde milagro / de cuarta categoría"?. Se creía que había sido castigado por alguna transgresión. Su pecado debió haber sido también humilde, pues no había nada de satánico en sus procedimientos. Era servicial, pero todos procuraban evitar su ayuda. Por alguna razón, el Ángel creía que la melancolía y el desencuentro eran cosas deseables y entonces recompensaba a sus entenados con tristezas permanentes. Se ha dicho que odiaba a los automovilistas y por eso interfería el funcionamiento de los semáforos. Siempre le gustaron las canciones tristes. A veces dictaba composiciones al músico Ives Castagnino. Las rubias de la calle Caracas han oído serenatas angelicales que parecían surgir de la sombra o de la nada. Participaba en todos los juegos del barrio. El ruso Salzman afirmaba que la probabilidad de hacer un siete en el pase ingles era dos veces mayor en Flores que en cualquier otro lugar. Carlos Menéndez, un renombrado ventajero de la calle Bolivia, juró que en diez años de actividad en todas las timbas de la barriada jamás le había tocado el siete de oros, carta que recibía con razonable frecuencia en Caseros o en Palermo. Repartía sueños desde el anochecer hasta el alba, llevando una canasta de panadero. No le estaba permitido salir de Flores. Los duendes, los fantasmas y los demonios de otros rumbos se burlaban de él.

Sin pretensión de antología, damos a conocer seguidamente algunos textos y datos biográficos de los escritores oscuros que se ocuparon del Ángel Gris.


RICARDO PEREZ BRUNETTO:

Manuel Mandeb solía jactarse de haber olvidado la teoría de la relatividad, cuando en verdad jamás la había conocido. En el mismo sentido, Pérez Brunetto, con fingida amargura, decía que era un escritor olvidado: jamás alcanzó semejante rango. Pese a todo, algunos de sus cuentos impresionaban a sus primas hasta limites que el propio artista trató de ocultar.


CARLOS Y AMELIA:

El primer corazón lo encontró pintado en la pared del frente de su casa. En su interior, entre firuletes, se leía "Carlos y Amelia". Aunque se llamaba Carlos no se dio por aludido, pues no conocía ninguna Amelia. El segundo lo impresiono un poco más. Estaba dibujado a dedo limpio en la vidriera del bar "Tío Fritz". Al tercer corazón comprendió que el asunto lo concernía. Se le apareció de repente al despegar del ropero una foto de Laura Hidalgo. Después empezó a encontrar corazones por todas partes: en el baño de la cancha de Velez, detrás del almanaque de una tintorería, en un cuaderno viejo y en un árbol de la plaza a una altura impracticable para cualquier enamorado.

No le costo nada sospechar algo prodigioso. Ninguno de sus amigos tenia ingenio ni tesón para una broma semejante. El último corazón se presentó en un barrilete que acababa de arriar y que carecía de toda inscripción al ser remontado. Lo habían dibujado en el cielo.

Días mas tarde, Carlos conoció a Amelia. Era hermosa pero triste y fría. Ahorraremos tramites literarios si decimos que se enamoró de ella. Averiguó dónde vivía, fingió encuentros casuales, trato de interesarla de cien diferentes maneras. Finalmente le confesó su amor, suplicó, se humilló, pero la mujer no le prestó atención. No debe haber existido jamás un rechazo tan inapelable como aquel.

Después ya no aparecieron nuevos corazones. Carlos no vio a Amelia nunca más, pero por su culpa envejeció sin amores. Un día supo por una bruja que el Angel Gris prepara estos sucesos para que algunos privilegiados vivan la rara experiencia del amor imposible. Y una tarde, paseando frente a la casa abandonada de la mujer terca, descubrió la borrosa sombra de un corazón pintado bajo la ventana. Entre firuletes se leía "Amelia y Ernesto".


RUBEN DI LEO:

Centro delantero del club Empalme San Vicente. No era literato, pero escribió un extenso volumen titulado Mis mejores Jugadas, en el que relata con estilo insufrible más de mil quinientas acciones futbolísticas en las que aparece como protagonista.

Una de ellas tiene cierto interés para nosotros: JUGADA 304. Perrone pateó el corner desde la izquierda. Perdíamos uno a cero y faltaban dos minutos. El tiro le salió demasiado alto. Yo estaba en el área, pero ni pensé en saltar. De pronto sentí que unas manos ardientes me tomaban de la cintura y me elevaban por el aire. Así alcancé una altura fenomenal, casi un metro por encima de los defensores. Misteriosamente mi cabeza chocó con la pelota. Las manos me soltaron y caí despatarrado. Me pareció escuchar el rumor de unas alas, pero fue mucho más fuerte el grito de gol de la tribuna.

Desde ese día, cuando hay un corner trato de patearlo yo.



IVES CASTAGNINO:

El más famoso de los músicos de Flores y de Palermo. El vals que transcribiremos fue dictado, según dicen, por el propio Ángel que además solía cantarlo al hacer cada noche la entrega domiciliaria de sueños:

El reparto de sueños (Fragmento)

Sueños rojos, azules y verdes,
Tengo sueños de todos los colores.
Sueños blancos y sueños rosados
Para todas las pibas de Flores.

Hay un sueño, tan largo
Que al soñarlo se escapa la vida.
Y uno corto que es como un suspiro
Quien lo sueña, sueña que suspira.

En esta canasta yo traigo, señores,
los sueños famosos del barrio de Flores.

Tengo un sueño, dorado, imposible,
Tan hermoso que todos lo quieren
Y otro negro, perverso y terrible:
El que no se despierta se muere.

Tengo aquí, para dar a los pobres
Lujosísimos sueños reales.
Son los mismos que sueñan los reyes,
al soñar somos todos iguales.

En esta canasta yo traigo, señores,
los sueños famosos del barrio de Flores.



LUNCHEON TICKET:

Seudónimo anglófilo que utilizaba el Dr. Pelagio Faggiolo para escribir novelas policiales. En sus relatos es elementalmente sencillo descubrir al asesino en virtud de los tempranos adjetivos que se le propinan. (Por ejemplo: el infame señor Galveston).


LOS SEIS QUE SE SIGUEN:

Harry, el ladrón simpático, estaba cercado. Los seis detectives mas ilustres del mundo estaban en la ciudad, convocados para darle caza. Philo Vance, J.G. Reeder, Ellery Queen, Philip Marlowe, Sherlock Holmes y el padre Brown pronto empezaron su trabajo. Sin embargo, el Ángel Gris de Brooklyn acudió en su ayuda.

Vance recibió una orden misteriosa e inapelable para que siguiera a Reeder. A Reeder se le ordeno seguir a Queen. Queen recibió ordenes de seguir a Marlowe. A Marlowe le ordenaron seguir a Holmes. A Holmes le dijeron que siguiera al padre Brown. Finalmente el padre Brown fue comisionado para seguir a Vance. A las pocas horas los seis estaban inmóviles en una plaza acechándose mutuamente y esperando un primer paso que nadie iba a dar. Harry, el ladrón simpático, cometió algunos delitos y después comenzó una nueva vida en un país lejano. Los seis detectives siguen en Brooklyn, atascados como universo inmóvil que espera una Voluntad.


NITO D'ALESIO:

Literato aficionado de Monte Castro. Fue empleado municipal, como lo permiten colegir sus manuscritos, siempre estampados en el revés de formularios de la intendencia.


LA CALLE DEL BIEN Y DEL MAL:

Como bien lo sabemos, la cuadra del Ángel Gris está en la calle Artigas entre Bogotá y Bacacay. Sucede allí algo muy particular: en una de las veredas no es posible ser bueno. En la otra es imposible ser malo. Una noche pasé con una muchacha rubia por la vereda oeste. La arrinconé en un umbral oscuro, la besé con pasión y logré poseerla allí mismo. Después cruzamos la calle. Y mientras caminábamos por la vereda oriental, le pedí que me olvidara y la abandoné para siempre. En la cuadra del Ángel Gris hay dos veredas. En una no es posible ser bueno, en la otra no se puede ser malo. Aun no tengo decidido cuál es cuál. Hay en nuestro poder muchísimos otros escritos, todos con el mismo escaso interés.

En estos días nadie se preocupa del tema. Los Hombres Sensibles se han desparramado y las gentes razonables prevalecen en Flores y en el mundo entero. Tal vez el propio Ángel Gris, allá en los desolados campanarios, cantará esta vieja copla que convida a durar:

Los que no saben soñar
dicen que nunca me han visto
y hasta yo mismo sospecho
que en una de esas, no existo.



Extraído de Crónicas del Ángel Gris (1988). Editorial Colihue. I.S.B.N. 978-9505816934

4 comentarios:

BLANCO dijo...

Permitime que me lo tome como respuesta a la pregunta que te hice en mi blog.
Preciosa respuesta.
Gracias.

almalaire dijo...

Es una belleza, Carlos. Abrazos.

(Para mi trabajoso aprendizaje de etnolecto: ¿Se podría decir que el ángel Gris es un guacho?, ¿ o queda demasiado irreverente?)

Risk dijo...

¡Grande, BLANCO! Sabía que ibas a entenderla como tal. Un abrazo grande. :D

Risk dijo...

Yo diría que no, alma, porque el Ángel reparte tristezas, pero de hecho lo hace con buena intención, para darles temas de inspiración a los Hombres Sensibles. Más bien diría que es medio desubicado. :P

Un abrazo grande. :D

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