sábado, 22 de mayo de 2010

Ricardo Piglia - CHE GUEVARA X RICARDO PIGLIA




Hay una escena en la vida de Ernesto Guevara sobre la que también Cortázar ha llamado la atención: el pequeño grupo de desembarco del Granma ha sido sorprendido y Guevara, herido, pensando que muere, recuerda un relato que ha leído. Escribe Guevara, en los Pasajes de la guerra revolucionaria: “Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo”.

Piensa en un cuento de London, “To Build a Fire” (Hacer un fuego) del libro Farther North, los cuentos del Yukon. En ese cuento aparece el mundo de la aventura, el mundo de la exigencia extrema, los detalles mínimos que producen la tragedia, la soledad de la muerte. Y parece que Guevara hubiera recordado una de las frases finales de London. “Cuando hubo recobrado el aliento y el control, se sentó y recreó en su mente la concepción de afrontar la muerte con dignidad”.

Guevara encuentra en el personaje de London el modelo de cómo se debe morir. Se trata de un momento de gran condensación. No estamos lejos de don Quijote, que busca en las ficciones que ha leído el modelo de la vida que quiere vivir. De hecho, Guevara cita a Cervantes en la carta de despedida a sus padres: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”. No se trataría aquí sólo del quijotismo en el sentido clásico, el idealista que enfrenta lo real, sino del quijotismo como un modo de ligar la lectura y la vida. La vida se completa con un sentido que se toma de lo que se ha leído en una ficción.

En esa imagen que Guevara convoca en el momento en el que imagina que va a morir, se condensa lo que busca un lector de ficciones; es alguien que encuentra en una escena leída un modelo ético, un modelo de conducta, la forma pura de la experiencia.

Un tipo de construcción del sentido que ya no se transmite oralmente, como pensaba Benjamin en su texto “El narrador”. No es un sujeto real que ha vivido y que le cuenta a otro directamente su experiencia, es la lectura la que modela y transmite la experiencia, en soledad. Si el narrador es el que transmite el sentido de lo vivido, el lector es el que busca el sentido de la experiencia perdida.



Hay una tensión prepolítica en la búsqueda del sentido en Guevara. Pero a la vez podríamos decir que ha llegado hasta ahí porque ha resuelto ese dilema. De hecho, ha llegado hasta ahí también porque ha vivido su vida a partir de cierto modelo de experiencia que ha leído y que busca repetir y realizar.

En un sentido más general, Lionel Gossman se ha referido a la misma cuestión en Between History and Literature, cuando señala que la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal.

El hecho de que Guevara haya registrado los efectos y el recuerdo de una lectura para sostenerse ante la inminencia de la muerte nos remite a una serie de situaciones de lectura no sólo imaginadas en los textos, sino presentes en la historia propiamente dicha. Los que han visto por última vez a Ossip Mandelstam, el poeta ruso que muere en un campo de concentración en la época de Stalin, lo recuerdan frente a una fogata, en Siberia, en medio de la desolación, rodeado de un grupo de prisioneros a los que les habla de Virgilio. Recuerda su lectura de Virgilio y ésa es la última imagen del poeta. Persiste ahí la idea de que hay algo que debe ser preservado, algo que la lectura ha acumulado como experiencia social. No se trataría de la exhibición de la cultura, sino, a la inversa, de la cultura como resto, como ruina, como ejemplo extremo de la desposesión.


Publicado en el diario Página 12, Viernes 22 de febrero de 2008.

5 comentarios:

almalaire dijo...

:D

Espero que lo vea Vir. Besos, Arjo.

maritornes dijo...

Querido Risk:

Somos, de alguna manera, lo que leemos.
Cuando era más joven, desde pequeña, en realidad, leía sin discriminar.
Ahora escojo lo que leo según el estado de ánimo, según lo que me ocupa, o lo que deseo, o lo que temo, o lo que me hace sentir curiosidad. Pero escojo.
También busco, a veces, los entresijos de la escritura entre lo que leo. Me come la envidia cuando veo algo muy bien escrito.

En cuanto al Che, está bien que nos traigas detalles no tan conocidos que nos devuelva, una vez más, al hombre en claroscuro que se esconde tras el mito.

Un abrazo grande, como tú.

SubHatun dijo...

Cuando recuerdo la muerte del Che siempre viene a mi mente de forma inconsciente el poema de Nicolas Guillen, "Guitarra en Duelo Mayor", más conocida por "Soldadito de Bolivia" que entre sus versos están:

...

Te lo dio el señor Barrientos,
soldadito boliviano,
regalo de mister Johnson,
para matar a tu hermano,
para matar a tu hermano,
soldadito de Bolivia,
para matar a tu hermano.

¿No sabes quien es el muerto,
soldadito boliviano?
El muerto es el Che Guevarra,
y era argentino y cubano,
soldadito de Bolivia,
y era argentino y cubano.

El fue tu mejor amigo,
soldadito boliviano,
el fue tu amigo de a pobre
del Oriente al altiplano,
del Oriente al altiplano,
soldadito de Bolivia,
del Oriente al altiplano

....

BLANCO dijo...

Qué bien que traigas a Piglia.

Risk dijo...

Así es, alma. Saludos, Vir. :)

Gracias, Mari. :D
Y es verdad que soy un grande, pero es que las dietas no me están funcionando últimamente. :P
Un abrazo grande, guapa.

Uy, sub, trajiste un tema que todavía sigue sorprendiéndome: la inconsciencia de los soldados.

Y estoy descubríendolo a Piglia, BLANCO (como a la gran mayoría de la gente a la que subí, lo confieso). En breve voy a poner algo de ficción de él. Un abrazo grande.

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